Skip to main content

Hikueru, el atolón donde todo comenzó

Hikueru, el atolón donde todo comenzó

27 de abril de 2023

El Atolón de HIKUERU

Preocupado por encontrar nuevos mercados para la producción de conchas destinadas principalmente a la botonería, pero amenazada por la competencia del botón de poliéster, ya en 1956 el Territorio de la Polinesia Francesa decide financiar, con un monto de 10 millones de Fcfp, un ensayo de cultivo de perlas en el Atolón de Hikueru. La experiencia comienza en agosto de 1961, bajo la responsabilidad de Jean-Marie Domard, quien llegó al Territorio en 1957, contratado como responsable del Servicio de Agricultura, Ganadería y Pesca. De formación veterinaria, él experimenta con el injerto, pero sin éxito. Tras difíciles discusiones, consigue que un injertador japonés, Churoku Muroi, que operaba en una granja de perlas australiana, Pearls Proprietary Ltd, en la isla de Thursday, en Queensland, viniera, durante sus vacaciones, a injertar unos miles de ostras, a pesar de su escepticismo. Los japoneses se referían entonces a la experiencia realizada por Kokichi Mikimoto en la isla de Iskigaki, donde las pintadinas, Pinctada Margaritifera aclimatadas habían producido entre 1926 y 1940, 104456 Perlas cultivadas, pero todas barrocas (sin ningún eje de simetría y no aptas para montar en joyería). La experiencia emprendida por Domard era crucial porque el objetivo era concluir si era posible o no el cultivo esférico en la Pinctada Margaritifera Cumingii. En diciembre de 1963, todas las pintadinas operadas en Hikueru son cosechadas y de las 276 Perlas obtenidas, es decir, un 33,5% de producción (se producen muchos descartes durante el periodo post-injerto), 235 se presentan a varios expertos japoneses, en la oficina de Nippon Pearls, en Tokio, en marzo de 1964. Sorprendidos por los colores y las cualidades de las Perlas, los expertos concluyen que "las Perlas de Tahití parecían susceptibles de ser promovidas al rango de joyas de alta clase". Sin embargo, los "creadores de Perlas" deberán armarse de mucha paciencia y esperar casi 15 años antes de que la Perla negra sea apreciada en su justo valor y adoptada por la alta joyería.

Artículo bajo la dirección de Marcel le Pennec, Doctor en Oceanografía Biológica.

Béatrice Brothier, gemóloga apasionada.